Diciembre, copas y decisiones
Diciembre trae cenas largas, brindis y whatsapps a deshora. Con ese ruido de fondo, la brújula es sencilla: el sexo que suma empieza con un “sí” claro, actual y libre. No es adivinar; es acordar esto, ahora y poder cambiar de idea sin examen ni culpa.
En España el marco legal empuja justo ahí: la LO 10/2022 centra la relación sexual válida en el consentimiento de la persona —expreso y con capacidad real para darlo—; sin él, no hay encuentro válido. Más allá de tecnicismos, para la vida diaria quédate con esto: claridad y capacidad. Si no hay capacidad (somnolencia, incoherencia, desorientación, vómitos, dificultad para entender lo que pasa), no hay consentimiento y se tiene que parar.
Alcohol: desinhibe… y también nubla
El alcohol puede soltar la lengua, pero también empeora el juicio y sube el riesgo de decisiones que no tomarías en frío (olvidar barreras, aceptar prácticas sin tenerlo claro).
La evidencia lo repite desde hace años: la OMS relaciona el alcohol con conductas de riesgo y daño social; en 2019 atribuyó 474.000 muertes cardiovasculares al alcohol —dato sanitario que pinta su impacto global—, y sus fichas insisten en reducirlo en ocio y contextos vulnerables. En sexualidad, beber se asocia a más prácticas sin protección y a peor lectura de señales. Traducción muy práctica: si alguien balbucea, se queda dormido/a, no coordina o no entiende una pregunta simple, no puede consentir; con duda, pausa (agua, aire, taxi, cada uno a su casa y mañana se decide en frío).
Un apunte “de aquí y ahora”: en España, un informe reciente del Centro Reina Sofía (Fad Juventud) señala que casi el 70 % de jóvenes ha tenido sexo bajo los efectos del alcohol y el 50 % no usa anticonceptivos siempre; el 12,4 % asume riesgos sexuales “a sabiendas”. No es moralina; es un espejo útil para Navidad y Fin de Año: más copas = más terreno resbaladizo.
Y un dato internacional que ayuda a dimensionar el problema en contextos festivos: estimaciones citadas por el NIAAA en EE. UU. hablan de ~97.000 estudiantes (18–24 años) que reportan cada año agresión sexual relacionada con el alcohol. No es España, pero sí un indicador consistente de cómo las copas distorsionan el consentimiento en fiestas.
Cómo pedirlo, darlo y retirarlo sin matar el clima
No hace falta un notario; hace falta bajar la incertidumbre. Frases cortas y cálidas funcionan: “me gustas; ¿seguimos por aquí… con preservativo?”, “si algo no te va, paro; yo te digo igual”, “¿así bien?”. Pasan dos cosas cuando lo nombras: baja la tensión y sube el placer. Si aparece mirada perdida, rigidez, respuestas lentas o confusión, frena. Un “no ahora” no es un suspenso: suele ser la mejor decisión para mañana.
El consentimiento no es un cheque en blanco. Un sí a besos no es sí a penetración. Un sí hoy no obliga a mañana. Se puede retirar en mitad de cualquier práctica: “hasta aquí”, “paro”, “seguimos otro día”. La elegancia está en cómo se recibe: “ok, paramos. ¿agua, taxi o espacio?”. Ese cierre cuida el vínculo y te cuida para la próxima. En pareja estable, las reglas son las mismas con más complicidad: chequeos breves al cambiar de práctica (“¿seguimos por aquí?”) y, si hay copas, posponer sin dramas. En digital, lo mismo: sexting con permiso, no reenviar nada ajeno y derecho a pedir que se borre si te arrepientes; guías públicas de salud recuerdan que la intoxicación también dificulta consentir o leer consentimiento en lo online.
Y si ya la hemos liado un poco (reparar y aprender)
A veces se pisa un límite sin mala fe. La salida madura no es justificarse media hora: reconoce (“no me di cuenta, lo siento”), repara (“paramos; ¿qué necesitas ahora?”) y aprende (qué señal me perdí y cómo la detectaré la próxima). Si te toca decir que no, dilo sin rodeos: “hasta aquí por hoy”. Si a la otra persona le sienta mal, es una respuesta clara sobre dónde no volver.
Conclusión: el consentimiento no enfría; alivia
Lo que vuelve atractivo un encuentro no es improvisar sin red, sino la tranquilidad de saber que estamos en la misma página. Consentir es un clima, no un papel: mirar y preguntar con naturalidad, escuchar sin ponerse a la defensiva, pausar sin perder el vínculo.
En fiestas esa diferencia se nota el doble, porque el alcohol distorsiona el juicio y empuja a guiones que no habrías firmado en frío; ahí es donde las reglas sencillas salvan la noche: con duda, pausa.
Elegir el momento no mata el deseo; muchas veces lo mejora.
La otra buena noticia es que la claridad reduce riesgos sin apagar el disfrute: pedir consentimiento está asociado a más uso de preservativo y menos alcohol en el último coito, y los sistemas sanitarios repiten que la intoxicación invalida el consentimiento porque elimina la capacidad para entender y decidir (si no hay capacidad, no hay consentimiento; punto).
Para cerrar esta guía navideña, te dejo un plan mínimo que funciona: prepara barreras y lubricante que te vayan bien (menos fricción, menos microheridas), acordad una palabra de pausa antes de la noche, empezad suave y preguntad cuando cambiéis de marcha. Si algo no cuadra —en ti o en la otra persona—, taxi y descanso.
El mejor sexo de estas fiestas es el que llega con ganas y cabeza… y al día siguiente te deja con una sonrisa, no con un nudo.
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About Brava Violeta
Hola soy Brava Violeta. Escribo de sexo como se lo contaría a mis amigas: claro, sin vergüenza y al grano. Aquí no vas a encontrar sermones ni palabras raras: te doy lo útil, salud sexual sin sustos, consentimiento fácil de decir, placer con técnica real (ritmos, lubricantes, posturas) y diversidad explicada sin lío. Mi objetivo es que tengas herramientas para pedir lo que te gusta, poner límites sin culpa y disfrutar a tu ritmo. Creo en un sexo más libre y amable para todos los cuerpos y orientaciones, con cabeza, humor y cuidado. Si algo incomoda, pausa. Si algo enciende, seguimos. Menos miedo, más ganas.

